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XIII Curso de Filosofía de Santo Domingo de la Calzada: Democracia y corrupción

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Cursos de Verano 2016
XIII Curso de Filosofía de Santo Domingo de la Calzada: Democracia y corrupción
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El tema escogido para esta edición del Curso de Filosofía en Santo Domingo de la Calzada (18 a 22 de julio de 2016) es Democracia y corrupción.

Con ésta suman trece las ediciones de este curso de verano que vienen organizando conjuntamente la Universidad de La Rioja, el Ayuntamiento de Santo Domingo de la Calzada y la Fundación Gustavo Bueno.

Entre los múltiples planteamientos posibles, tomamos como punto de partida la “idea promedio” de democracia política que ha ido cristalizando, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), con la victoria de los Aliados (Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Unión Soviética), frente a los regímenes fascistas (en Italia) y nacionalsocialistas (en Alemania).

A raíz de esta victoria, se constituyó la ONU (1945), y se proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). Lo que hemos llamado “idea promedio” de Democracia se abrió camino, principalmente, a través de las llamadas “democracias homologadas”, que fueron integrándose en la ONU y asumiendo la Declaración de los Derechos Humanos.

Tras la caída de la Unión Soviética (1991), la “idea promedio” de Democracia alcanzó el estatuto de ideal definitivo del régimen político de los “Estados libres”, lo que se expresó a través de diversos acuerdos y obras teóricas, de entre las cuales cabe destacar El fin de la Historia (1992) de Fukuyama (precedido por su artículo de 1989, ¿El fin de la Historia?), aludiendo a ese estatuto de la idea de democracia parlamentaria como forma definitiva de organización política de los pueblos o naciones libres de cualquier amago de dictadura. Con esto no se pretendía siempre defender que los Estados democráticos homologados realmente existentes fueran sociedades políticas acabadas como ejemplares perfectos de la idea de democracia. Se reconocían ampliamente déficits en las democracias (por ejemplo, era muy frecuente considerar la institución de la pena capital, en la mayor parte de los Estados Unidos de Norteamérica, como un déficit democrático.

De aquí que la fórmula “más democracia” llegase a ser el principio más generalizado para orientar los métodos necesarios para corregir los déficits de las democracias realmente existentes.

Teniendo en cuenta que el curso se concibe (al igual que los cursos anteriores, sobre la Ciencia, la Religión, el Deporte…), no como un curso dogmático, sino como un curso crítico, por tanto, como un curso de debates filosóficos mantenido por profesores y alumnos sobre los asuntos tratados, hemos creído conveniente marcar, a fin de establecer la escala filosófica de los debates, las posiciones extremas (antilógicas) de una polémica, por otra parte, tradicional, y que, en ningún caso, trata de ignorar cualquier otra fórmula, pero muy adaptada al título del curso, Democracia y corrupción.

  1. Una fórmula muy expresiva de las concepciones ideales de la democracia, frente a la corrupción, sería la siguiente: “La democracia es incorruptible”, por tanto, la corrupción deriva no ya de la democracia, sino de los déficits éticos de los políticos, funcionarios o “representantes del pueblo” corruptos (una vez calificados por los tribunales de justicia del Estado de derecho).

    La fuente de la corrupción de una democracia habría que ponerla en la corrupción de los individuos o de los grupos (incluyendo a los Partidos políticos, las facciones, &c.). Y, por ello, la lucha contra la corrupción sería la mejor manera de actuar en la re-generación democrática de una sociedad política dada. La democracia, como sociedad política, no puede delinquir, y con esto interferimos con el famoso lema que algunos pretenden, sin fundamento, atribuir al derecho romano clásico: Societas delinquere non potest.

    Y, por ello, en un Estado democrático de derecho, serán los tribunales de justicia los encargados de “depurar” responsabilidades que puedan atribuirse a los políticos, funcionarios o representantes imputados de corrupción.
     
  2. La fórmula expresiva de las concepciones que atribuyen la corrupción a la mismas sociedades democráticas podría ser la siguiente: “La democracia es ella misma una corrupción” (de la aristocracia, o de la tiranía, de las cuales deriva).

Como símbolo de la fórmula (1) podríamos tomar aquí, con las salvedades necesarias, a la figura de Pericles, generalmente reconocido como el fundador de la democracia ateniense del siglo IV. Como símbolo histórico de la fórmula (2), y también con las salvedades oportunas, tomaremos aquí a la figura de Platón, como máximo crítico de una democracia que condenó a muerte a su maestro Sócrates. 

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